Narra Erick. Me desperté esa mañana enredado en las sábanas de la cama junto a Alanis, ella todavía estaba profundamente dormida. Sonreí, se veía tan hermosa y delicada. Me arrastré hasta la cocina y preparé la cafetera. No estaba muy seguro de si ella bebía café, así que dejé algo solo por si acaso. Abrí las persianas dobles y tomé mi café n***o en el balcón y me permití ver la ciudad. —Buenos días, Erick. Me volví con mi taza de café en los labios y sonreí cuando una soñolienta Alanis se arrastró hasta la cocina. Ella agarró el café, y la vi sofocarlo en crema antes de venir y pararse a mi lado. Su túnica caía por su espalda, revelando el lugar donde la había mordido anoche durante nuestra agonía de pasión. Toqué el pequeño hematoma, sonriendo ampliamente por la facilidad con la que

