Su promesa Antonella se miró al espejo y vio el brillo del dolor en sus ojos. Sus mejillas estaban enrojecidas y su pulso acelerado. Él la había visto completamente desnuda. Había invadido su espacio, su privacidad. Si, era su departamento, pero ella se estaba duchando. El no tenía el derecho de asustarle de aquella forma. Se acercó al closet caminando de puntillas para que el no le escuchara y sacó un albornoz de color n***o, que por el tamaño ella imaginó le pertenecía a Vicenzo. Se lo puso y dejó que el calor de la tela la tranquilizara. Comenzó a caminar por el pasillo, buscando una habitación en la cual dormir, sin embargo, muy a su pesar, se dio cuenta que todas las puertas estaban cerradas con seguro. —Maldito desgraciado….— murmuró al darse cuenta del propósito de su

