Vicenzo. Confiar en ella había sido la estupidez más grande que había cometido. Él lo supo y aun así se dejó llevar. La deseaba. Joder. La deseaba como nunca antes lo había hecho. Quizá fue la forma en cómo se defendió, talvez en cómo se comportó de camino al apartamento, a lo mejor en cómo se mantuvo firme con relación a querer el divorcio. Todo aquello representó un reto para él. Nadie se le negaba jamás. Cuando el quería algo, siempre lograba obtenerlo. Su esposa no fue la excepción. —¿Qué quieres, Gio? —preguntó cuándo salió de la habitación luego de tener sexo con su esposa. —Interrumpes mi vida. —Supe que mi cuñada regresó. Tu entrevista estuvo fenomenal. —maldición, pensó, Enzo. El puñetazo que le había dado al periodista debía de estar en todas las redes y plataformas

