—No —dijo después de unos segundos.
Amy me miró y me ofreció una sonrisa triste. Bajé la mirada sintiendo como mi corazón se rompía.
—Somos amigos —continuó.
—Sí —agregué—. Deja de preguntar estupideces, Amy —alargué, tragando el nudo que presionaba en mi garganta.
Dio un asentimiento y luego se fue corriendo, dejándome sola con Luca.
Me quedé como estúpida de pie frente a él sin decir una sola palabra, simplemente observándolo, tenía su cabeza baja y sus manos sobre sus rodillas.
—¿Estás bien? —le pregunté.
—Sigues aquí —manifestó en voz baja.
—¿Qué sucede? —me senté a su lado, sintiéndome por primera vez extraña al estar con él.
—Nada... lo que pasa es que mentí —abrí mis ojos como platos y lo miré expectante—. Está mal y no puedo evitarlo.
—¿Qué está mal? —pregunté frunciendo el ceño.
—Que me guste mi mejor amiga —confesó sonriendo de medio lado.