—¿Eso es un pato? —preguntó Luca inclinándose sobre un pequeño puente en Central Park en Nueva York para ver un par de patos que nadaban plácidamente. —Sí mi amor, eso es un pato —respondí sonriendo. Llevábamos más de dos horas dándole vuelta al parque, contestando cada pregunta que a Luca se le antojaba hacer; ayer por la tarde le habían quitado la venda de los ojos, después de haberse sometido a la tercera operación para ver si era posible que recuperara la visión. Y ahora parecía un niño emocionado con cada hoja que caía de los árboles, con cada ardilla, con cada nube... todo era nuevo para él. —¡Oh! ¿Qué es eso? —preguntó señalando un poco de estiércol en el suelo. Billy y Amy se echaron a reír mientras que yo los fulminaba con la mirada. —Es pastel de chocolate —rió Billy. —No

