—Abigail —me detuve antes de abrir la puerta y cerré mis ojos con fuerza.
—Abby —corregí a mi madre. Mi nombre completo no sonaba bien saliendo de sus labios.
—¿A dónde vas, Abby? ¿No piensas saludar a tu novio?
Giré mi cuerpo hacia ellos y traté de sonreír. Ambos estaban sentados en el sofá viéndome fijamente.
—Hola —saludé a Ian—. Ahora si no les molesta, voy a ir afuera —volví a darles la espalda y tomé la perilla de la puerta.
—Tú no vas a ningún lado, Abby —ordenó mi madre.
Respiré hondo e intenté abrir la puerta.
—Tu novio ha venido a cenar con nosotros y tú no vas a irte y dejarlo aquí.
—¿Ya le ha dicho que me engañas? —Me giré hacia Ian nuevamente.
Él abrió sus ojos como platos y negó con su cabeza.
—¿Que dados mi amor? ¿Dónde has sacado tal mentira? Yo nunca podría engañarse.
—Sí, y yo tan boba que te creo.
—¡Suficiente! Tú te quedas, Abigail Lancaster —gritó mi madre poniéndose de pie.
—Sabes madre, deberías de ser tú quien cene con él. Parece más tu novio que el mío.
Caminé hacia mi habitación a paso rápido, sabiendo que después de eso debería tener problemas con ella.