Mi corazón estaba latiendo más rápido de lo normal; mantenía la mirada fija en los documentos que tenía en mis manos; trataba de asimilar cada palabra que ahí decía. ¿Estaba imaginándolo? Pero ahora, ese sentimiento de incertidumbre estaba siendo reemplazado por uno de rabia. ¿Cómo pudo ocultarme algo así? ¿Acaso pensaba llegar hasta el día del parto para decírmelo? ¿Por qué pensó que yo no lo comprendería? ¡Son mis hijas! ¡Las hicimos los dos! —Amor, no pensé encontrarte en... —se detuvo en la puerta, sus ojos se abrieron como platos y formó una O con sus labios al dirigir su mirada hacia los documentos que mantenía en mis manos. —Yo... —comenzó, pero se detuvo. Me puse de pie, dejando los papeles sobre la cama y salí del cuarto, dejándola sola. Necesitaba pensar con claridad a

