Capítulo 34

295 Palabras
—Entonces... Abby —me separé del abrazo con Billy y me voltee hacia Ian. Estaba a escasos centímetros de distancia, con sus manos dentro de los bolsillos de su pantalón. Me veía con el ceño fruncido y la mandíbula tensa. Di dos pasos atrás inconscientemente temiendo de él. —¿Es por ese infeliz que no has querido verme? —preguntó señalando a Billy—. ¿Estás revolcándote con ese? —Oye idiota, a ella no le hables así —dijo Billy parándose en medio. —Yo le hablo como a mí se me pegue la gana... Es mi chica y hago con ella lo que yo quiera —espetó, empujándolo para que se hiciera a un lado. —No —alargué deteniéndome en frente de él—. Que sea tu chica, no quiere decir que sea tu esclava... además —bajé la cabeza y sonreí—. Nunca he sido tu chica; nunca me has tenido verdaderamente; ¿Sabes por qué? —lo miré cerrar sus manos en puños, pero no me sentí intimidada por él, ahora me sentía poderosa. Estaba haciendo algo que debí de haber hecho hace mucho tiempo. —Porque nunca te he amado —continué—. Estoy enamorada de un verdadero hombre, no de un cobarde como tú —dije señalándolo—. Estoy enamorada de alguien que sí me ha sabido escuchar y valorar; aun no entiendo por qué continúo contigo —negué con la cabeza y me giré. Billy me sonrió y comenzó a caminar a mi lado—. ¡Ah! Y para que lo sepas; le he besado, así que estamos a mano —le dije sin dejar de caminar.  —¿Qué significa eso, Abby? —preguntó. Lo miré sobre mi hombro, él me veía con furia, lo que me hizo reír. —Terminamos... y si aún no lo entiendes, podría hacerte un dibujo —terminé diciendo. Cerré mis ojos sin poder dejar de sonreír. Me sentía libre, después de tres años que había echado a perder con ese idiota, había recuperado mi libertad. Un único nombre llenó mi mente en ese momento: Luca.
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