—¿Qué no fuiste capaz de decirle a Luca que tendrán mellizos?—me encogí ante el grito de Amy en el teléfono. Suspiré, deteniéndome frente a una vitrina donde exhibían ropa de bebé. —¿Quieres acaso dejarme sin tímpanos, tarada? —No me cambies de tema; ¿Por qué no se lo dijiste? ¡Él tiene derecho a saberlo! Miré un lindo vestidito color lila, con bolas blancas. Sonreí acariciando mi vientre, me preguntaba ¿Qué género serían mis hijos? Cierto... no quería aceptar este embarazo, pero ahora ya comenzaba a hacerme la idea de ser madre. Y en cierta parte me parecía estupendo. —Tuve miedo, Amy. Ambos estábamos en la cama y... —Y no necesito detalles de cómo pudo haber sido su orgasmo —se apresuró a interrumpirme. Puse los ojos en blanco y entré a la tienda. —No pensaba darte detalles, tont

