Capítulo 29

174 Palabras
—Es raro —dije ladeando la cabeza. —¿Qué? —preguntó Amy inclinando su cuerpo hacia adelante sobre la encimera de la cocina—. ¿Que Luca haya venido sólo a compartir saliva contigo? Puse los ojos en blanco. —No —contesté—. Es raro que ahora seas rubia. Alzó los hombros y dio un sorbo a su soda. —Tú eres rubia y nunca me he quejado. —Nací rubia —espeté entrecerrando los ojos en su dirección. —No me cambies de tema, niña... ¿Qué tal besa? —¿Qué te importa? —alargué, bajando la mirada. Mi rostro comenzó a arder al recordar la forma en que Luca acariciaba mis labios con los suyos. Había sido tan... tan... jodidamente perfecto. Era un hecho, su delicadeza y ternura no se comparaba con la de nadie más.  —¡Oh cielos! —exclamó dando pequeños saltitos sobre su asiento—. ¡Fue bueno!, te has sonrojado —afirmó señalándome con su dedo índice. —Cállate, Amy. —¿Y el idiota de Ian? Me giro hacia Mike, quien acababa de llegar. Observó a Amy, y luego a mí. —¿Desde cuándo acostumbras a escuchar tras las puertas? —le regañé. —Desde que ese tipo de los lentes oscuros se comía a mi hermana mayor en la puerta —contestó encogiéndose de hombros.
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