ELEA KOCI La cadenas que sujeta mi tobillo me impide avanzar. Hace unos minutos uno de los hombres de Eron me llevó a otro cuarto. Aunque intenté luchar y resistirme fue imposible. Terminé con el labio roto y un rasguño en el rostro. Ahora estoy sentada y en una especie de laboratorio viejo. Hay unas cadenas suspendidas en un fierro oxidado. En una mesa hay algunos artículos extraños. Todo es horrible, trato de ser fuerte pero simplemente el miedo me vence. Las rodillas me arden y los codos los tengo arañados. Volví a abotonar mi blusa como pude. El recuerdo de Eron tocándome me produce total repulsión. Me da asco. No se cuanto tiempo pasó pero parece una eternidad. Damien por favor, no vengas. No lo hagas, te lo suplico. Mis lágrimas están secas y mi garganta igual. El olor nau

