Ciudad de White Stone, E.E. U.U 14/03/2027
¿Porque sentía miedo?
¿Porque mi cuerpo temblaba y lo único en lo que podía pensar era en correr? ¿Que si no lo hacia probablemente termine muerta?
Todo estaba oscuro por lo que no podía ver absolutamente nada. ¿Acaso estaba ciega?
-¿Hola?- pregunte hacia la nada misma, y mi voz se convirtió en un eco.
No sentía viento, pero sentía que tenía puesta ropa; unos pantalones y un sweter, las cuales no recordaba habérmelos puesto. De hecho, no recordaba como y porque había llegado a aquel lugar. Rebusque en mi mente, y lo último que recordaba era que estaba en la escuela esperando que comenzara la siguiente clase. Después, recuerdo que estaba muy aburrida por lo que mis ojos se estaban cerrando de a poco, razón por la que mi profesor, que acababa de entrar, estaba gritándome muchas palabras únicas, enojado.
¿Y después que?
Trate de recordar pero no pude.
De repente el miedo me paralizo.
Y lo sentí.
Sentí que algo venía por mi.
Desperté abruptamente, y en consecuencia mis rodillas golpearon contra mi mesa.
-Ouch- me queje, un dolor se había extendido por mis tobillos gracias a aquel golpe. Había estado en una clase y en la mitad de esta me dormí. Mire el salón vacío y suspire.
Aquel sueño me había dejado unos escalofríos en mi espalda. Se había sentido muy real.
Mis ojos se posaron en mi reloj, el cual marcaba la hora del almuerzo e inmediatamente mi estómago rugió.
La cafetería de la escuela, como siempre, estaba abarrotada de adolescentes. Algunos hablaban animadamente, otros molestaban a otros para hacerse los más interesantes. Y hablando de ello, en el centro del comedor, el grupo de chicos que se auto denominan "los populares" de último año, molestaban a un chico pelirrojo, lleno de pecas, el cual había ingresado este año al instituto.
Buena manera de darle la bienvenida.
Nadie hacia nada ya que nadie quería la atención especial de aquel grupo.
Estaba famélica, pero a cambio de ellos, no dejaba pasar cosas que me molestaban. No me importaba si aquella atención recaía en mi, sabía como defenderme.
Digamos que tengo una buena reputación con esta gente, ya que en cuarto grado golpee a Chad Mathews en su nariz (el líder de aquel grupo), quebrándosela. Y basado en ello, no me molesta mucho, solo en algunos casos como este, donde yo me metía en su camino.
Por lo que nadie se quería meter conmigo.
Me reí recordando como el sostenía su nariz mientras lloraba.
Me acerque a Chad, el cual estaba revisando la mochila del pelirrojo, y de un manotazo se la saque de la mano.
-¡Qué haces imbe...!- gritó, pero se detuvo al darse cuenta de que yo había sido la responsable.
Lo mire de manera aburrida, luego me di la vuelta y mire al pelirrojo, el cual estaba sentado en el piso, asustado.
- Atrápala- le dije, y luego procedí a lanzarle su mochila. El pelirrojo la agarro y me dedico una sonrisa de agradecimiento, para luego correr lejos de nosotros.
-¿Quién te crees, maldita zorra?- gritó, avanzando hacia mi, fulminándome con la mirada. Mientras yo lo miraba y sonreía con burla.
-Soy quien te va a mandar de nuevo al hospital para tu siguiente reconstrucción de nariz- comente, lo cual lo enfureció aún más.
-Esta te la dejo pasar, pero la siguiente Gray...-
-Si si si, la siguiente me golpearas aunque soy una chica. Esta es la décima vez que me lo dices esta semana, deberías pensar más argumentos, pero al parecer tu cerebro se va a recalentar si piensa de mas- le interrumpí, burlona. Toda la cafetería comenzó a reírse, y parecía que a Chad se le iban a caer los ojos de tan abiertos que los tenía.
-Ya te daré tu merecido, zorra- exclamó, para luego salir rápidamente de la cafetería con su séquito detrás.
Comencé a reírme, era muy graciosa la manera en la que Chad se enojaba, molestar a ese chico se había hecho costumbre. Me parecía muy graciosa y entretenida la manera en que trataba de humillarme.
Fui a comprar mi comida, una buena porción de pizza a la napolitana con una coca-cola y salí hacia mi lugar habitual de almuerzo, que se encontraba en la terraza de la escuela. El conserje me había obsequiado la llave de la puerta porque muchas veces he ayudado a limpiar. El es un buen hombre.
El viento me azoto mi pelo n***o azabache, cuando salí a la terraza. Camine hacia una esquina y me senté en el suelo, poniendo mi mochila negra en frente de mi como si fuera una mesa. Me saque mi campera de jean ya que estaba haciendo calor. Estábamos a finales de primavera, pero pronto comenzaría el verano, ya pronto empezaría la época en donde se suda a mares.
Lo odio. Odio el verano.
Tal vez porque me gusta vestir cómodamente y de preferencia todo lo que sea de colores oscuros, además porque odiaba sudar.
En aquella esquina de la terraza estaba yo, comiendo y escuchando música pacíficamente.
La soledad era mi mejor amiga, ya que esta no me traicionaría, no me daría la espalda ni se burlaría de mi. Es simplemente perfecto.
La campana del final del receso sonó y maldiciendo agarre mis cosas, tire la basura donde pertenecía y me adentré a la escuela.
...
Clase de matemáticas.
Debería llamarse clase de tortura mental para adolescentes.
Estaba sentada en el fondo de la clase tratando de hacer los ejercicios. El salón estaba sumido en un silencio ya que el profesor estaba explicando la solución a aquellos ejercicios y también por el hecho de que muchos de nosotros, incluyéndome, estábamos explotando nuestros cerebros tratando de entenderlo.
Mire al profesor, y dándome por vencida apoye mi espalda contra el respaldar de mi asiento mientras me cruzaba de brazos. Esta clase era tan aburrida.
El señor Brandon de repente se excuso y salió del salón, e instantáneamente el salón se lleno de ruido.
La verdad, odiaba los ruidos ensordecedores. Pero pensándolo bien odiaba a la gente.
De repente, una chica de cabellos castaños y ojos marrones entró en mi campo de visión, con sus manos en su cintura y una expresión de pura arrogancia en su cara.
-Deja en paz a mi Chad, ¿crees que llamas la atención actuando como la valiente?, que zorra eres, seguro lo haces porque quieres a Chad, ¿ no es así?- su nombre era Ambar Perez; la chica de la cual todo lo que salía de su boca era similar al sonido de un mosquito, molesto. Mientras yo la miraba con una sonrisa sarcástica en mi boca, dos chicas vestidas igual a Ambar se posicionaron detrás de ella. Todo mosquito necesitaba su grupo de mosquitos, creo que porque no sobrevivirían por si solos.
- No gracias, ese trabajo lo hacen perfectamente las chicas detrás tuyo- comente burlona. Ambar frunció el ceño y miró a sus compañeras, las cuales me miraron indignadas.
-Ellas nunca me harían eso, no son zorras como tu- respondió sonriendo, creyendo que eso me afectaría hasta ponerme a llorar.
Pero me reí fuerte, por lo que ella frunció el ceño de nuevo.
-Que buen chiste, deberías ser comediante- respondí irónicamente.
No me llego a responder, porque el señor Brandon volvió, haciendo callar a todos. Ambar me miró con rabia y se fue a su asiento, mientras yo la saludaba con mi mano y una sonrisa en mi rostro.
-Bueno chicos, les quería comentar que hoy se ha incorporado un nuevo alumno, espero que le den la bienvenida y sean buenos con él- ¿nuevo alumno? ya casi estábamos por acabar el año ¿y había un nuevo alumno?
Un chico entro al salón, y se veía un poco mayor que nosotros. Estaba vestido de n***o, su pelo n***o estaba despeinado y sus ojos negros nos miro a todos con frialdad, lo que le saco suspiros a algunas chicas y a algunos chicos.
- Chicos, les presento a Maximous Blak, viene de intercambio- era extraño que alguien de afuera venga a esta pequeña y aburrida ciudad. Claramente el era algo "único". - Allí tienes un asiento libre- dijo, apuntando al asiento que estaba a mi lado. Realmente yo tenia mucha mala suerte.
La respuesta de la muchedumbre a tal acto fue mirarme con envidia, por lo que bufé. Señor sabe que hay una razón por la que nunca nadie se sienta a mi lado y créame que no le va a gustar.
Pero me quede en mi lugar enmudecida, mientras sin más el nuevo se encaminaba hacia su asiento. Al sentarse, no me miro ni me hablo, por lo que estaba conforme.
Mis ojos cayeron en él por un segundo, y algo en el se veía familiar, pero no recordaba si lo había visto anteriormente, no estaba en mi lista de rostros conocidos. Entonces, ¿porque tenía una sensación de que lo había visto antes?
La clase transcurrió aburrida, como siempre.
La campana de receso, anunciando que la próxima clase será la última, sonó. Me levanté de mi asiento, agarre mi mochila y me encamine hacia la puerta, sin siquiera darle una mirada a mi compañero.
Camine hacia mi casillero y reemplace los libros con los de la última clase.
Hermosa y amada literatura, la única que hacia valer la pena cada minuto en este lugar.
Me dirigí al próximo salón y tomé asiento en donde siempre, al fondo. Me puse los auriculares y comencé a leer el libro de literatura, nuevamente, para matar el tiempo. La profesora May había elegido Orgullo y Prejuicio, una de mis favoritas.
De pronto sentí a alguien sentarse a mi lado. Trate de no darle tanta importancia, mientras no me interrumpa con mi lectura.
La campana sonó, y con ello empezaron a entrar todos los alumnos al aula, mi señal para que me saque los auriculares.
La profesora May, una mujer hermosa de unos treinta y tantos entro sonriendo al salón, lo que la hacia ver más joven de lo que era. Su cabello largo y castaño estaba atado en un moño, dándole un aspecto elegante.
- Hola chicos- comenzó a decir- y hola para ti también Maximous- dijo esto último mirando a alguien a mi lado. Hasta aquel momento no me había dado cuenta de que el chico nuevo era el que se había sentado a mi lado, pero ¿porque sentarse conmigo cuando había un montón de asientos disponibles?- Me presento, soy la profesora Elizabeth May y doy clases de literatura contemporánea. Si tienes alguna pregunta no dudes en hacérmelo saber ¿ok?- luego miro a toda la clase- Este mes estamos leyendo Orgullo y Prejuicio de Jane Austen, espero que hayan hecho la tarea para la clase de hoy- dijo aquello con una sonrisa de alegría, mientras se oían muchas quejas de alguno que otro estudiante.
La clase transcurrió entretenida, como siempre. Hasta que sonó la campana de final de clases.
Suspire aliviada, ya la cabeza me estaba doliendo y lo único que quería era tirarme en mi cama y dormir todo el día.
Me levanté, guardé mis cosas en la mochila, pero cuando estaba por desaparecer, la profesora May me llamo.
-Señorita Gray- llamó. Me volví hacia ella, tratando de esconder mis ganas de escaparme- Hola querida, te quería pedir un favor, ¿podrías ayudar al señor Blak con las clases? es que esta atrasado y tú eres una de las mejores estudiantes- dijo sonriendo tratando de convencerme mientras señalaba al nuevo, el cual estaba frente a ella sentado en una mesa, mirando a la nada.
Mi día estaba yendo bien. Hasta ahora.
-Profesora May, usted me conoce- comencé diciendo. -Prefiero tirarme por la ventana- dije con la mejor de mis sonrisas mas convincentes que podía dar. La profesora May enarco una ceja y sonrió burlona. Conocía perfectamente mis respuestas irónicas.
-El señor Blak necesita a alguien aplicada-
-Hay muchas personas aplicadas en esta escuela profesora- le interrumpí. Me miro seria, y antes de recriminarme de nuevo, una voz dijo...
-Yo le ayudo al señor Blak, profesora- dijo Ambar, entrando al salón que recientemente había abandonado, con una sonrisa coqueta dirigida a el nuevo. Esas palabras de la voz más chillona del universo, esta vez me dieron calma.
-¿Ve? Ambar puede ayudarlo- reclame sonriendo, a lo que Ambar frunció el ceño. La profesora May suspiro. Sentía su amor/odio por mí quemándome en su mirada.
-Muchas gracias señorita Perez- dijo con amabilidad fingida. La profesora May odiaba a muerte a los alumnos que fingían buen comportamiento frente a un superior, como Ambar. A ella le agradaba los que eran honestos, aunque estén reprobando las materias. Por esas cosas me agradaba mucho.
-De nada profesora May, es que hay gente que no está capacitada para hacer tareas tan básicas- dijo con amabilidad fingida. ¿Acaso escuche una indirecta? Pobre, debe pensar que sus palabras me afectan, pero solo son como el sonido de un mosquito cuando quiere llamar la atención.
-Profesora, ve que no soy la única que opina que no sirvo para tareas donde se involucre gente, todos lo saben- finalicé sonriendo sarcásticamente. Ambar frunció el ceño, viendo que su cometido de molestarme no es logrado, como siempre. Con una sonrisa, y haciendo el símbolo de amor y paz me despedí de ellos y me fui del salón.
...
Llegue a mi casa, me saqué la mochila y la campera y las deje arriba de la mesa. Mi casa no era ni grande ni pequeña, esta tenía dos habitaciones, una oficina, un baño, el living-comedor y la cocina. No más ni menos.
Fui a la cocina, me lave las manos y me hice un café n***o, mi favorito. Necesitaba mi dosis de cafeína para poder seguir avanzando o mi cerebro iba a colapsar.
Agarre mis cosas y camine hacia mi cuarto. Me senté en mi cama y agarre mi computadora, una que a mi padre le habían regalado del trabajo, pero como él es mas de "la tecnología de ahora no es para mi", después de explicarle como diez veces cómo se usaba, me la termino regalando.
Me puse a chequear para ver una película, necesitaba despejar mi mente y una película no vendría mal.
Luego de terminarlo salí de mi habitación en busca de algo para comer, pero no había mucho.
Agarre mi celular y llame a mi padre para que pase a comprar algo cuando vuelva de trabajar. Solamente éramos él y yo desde que tengo memoria, ya que mi madre murió cuando me dio a luz. Este señor era mi mejor amigo.
-Hola hija, ¿qué pasa?- sonó la voz de mi padre, del otro lado de la línea.
-Hola si, ¿te pido una orden de comida chatarra para esta noche?- La risa de mi padre resonó en el auricular.
-Claro que si pequeña, ¿qué quieres para comer hoy?- hablo dulcemente.
-Una docena de hamburguesas por favor- pedí, sonriendo. Tenía ganas de unas sabrosas hamburguesas de McDonald's, todo muy chatarra pero lo importante es que es rico.
-Dale, pedido anotado, ¿algo más señorita?- dijo, mientras de fondo se escuchaba los susurros de gente y teléfonos sonando.
-Nada más, eso es todo- luego conversamos de cómo me había ido hoy en la escuela y de cómo le estaba yendo a él en el trabajo, haciendo el parte del día.
-Bueno querida Ice, me tengo que ir. Tengo una reunión y luego vuelvo a casa- dijo dulcemente- te amo, cuídate señorita- comento mientras se reía.
-Como siempre- me despedí y corte la llamada.
Agarre un poco de plata de mi bolso, mi abrigo y salí de la casa para comprarme algo en el supermercado. Tenía hambre, el deber de alimentar a mi bestia interior nunca se detiene.
Llegue al supermercado, y fui al sector de comida chatarra, agarre unos chocolates y comida no sana. Al terminar de elegir todo, fui a pagarlo.
Cuando agarre todo para irme, choque contra alguien, haciendo que por un momento pierda el equilibrio.
-Fíjate por donde vas- grité, enojada. Cuando mire para arriba, me encontré con unos ojos negros mirándome con curiosidad.
-Pero sí tú fuiste la que chocaste conmigo- comento burlón, su acento ingles causo que todas las miradas se posaran en él, por lo que rodee los ojos y lo mire con irritación.
-Tu también chocaste conmigo, por si no lo has notado- conteste, sonando un poco infantil. Pero en mi defensa, este chico no me agradaba, había algo en el que era extraño.
Él sonrió de medio lado, dejando a la vista un hoyuelo, mientras me miraba con diversión- estamos a mano, entonces- dijo, yo fruncí el ceño, ¿A mano?- Soy Max, pero eso tu ya lo sabías- comentó, estirando la mano- ¿Tu nombre es...?-
Enarque una ceja y me crucé de brazos, a lo que él bajo el brazo. Ahora que me fijaba bien, él era más alto que yo, me sacaba media cabeza, así que tenía que mirar para arriba para poder mirarlo. Algo que me molestaba ya que mi cuello comenzaba a doler por tal acción.
-¿Que te importa?- dije, molesta. Y él sonrió pensativo y se encogió de hombros. Yo rodee los ojos y me fui hacia la salida, ignorándolo.
¿Porque me sentía tan molesta? Conocía esos trucos sarcásticos e irónicos, eran míos. Ahora entendía porque me molestaba bastante.
Camine hacia mi casa, la cual quedaba cerca del supermercado. Gracias querido padre por mudarnos cerca de provisiones.
Pero me percate de que alguien estaba detrás mío. La sensación de ser observada me daba escalofríos en la nuca. Me di vuelta y mi vista enfoco a un Max con las manos en los bolsillos, mirándome con aburrimiento.
-¿Qué te pasa, porque me sigues?- grite molesta, el me miro y se encogió de hombros. Dios lánzame una chancla así puedo golpear a este molesto ser humano.
-Estoy aburrido y quiero saber tu nombre- comento desinteresado, encogiéndose de hombros, de nuevo. Qué, ¿acaso tenia un tic?
¿Porque me tenía que encontrar a este chico? ¿No esta prohibido encontrarte con alguien del instituto cuando no estas en el?
-Pues anda a estar aburrido a otro lado, no me molestes- conteste, dándome la vuelta, siguiendo mi camino. Pero después de tres pasos me detuve de nuevo. Max seguía detrás mío, persiguiéndome.- Deja de perseguirme-
-Mmm, no- contesto sonriendo. Enarque una ceja y lo mire con desprecio, este chico es molesto.
¿Qué le pasaba?
Suspire- ¿Si te digo mi nombre, me dejaras en paz?- necesitaba deshacerme de este ser. Él hizo un gesto de, estoy pensando dramáticamente, y me sonrió.
-Puede ser- ¿porque quería saber mi nombre?
-Puede ser, no. Por qué eso no es ni un sí ni un no, así que ¿me dejaras en paz si o no? Acosador- respondí dramatizando la última frase, como si le hablara a un nene de 3 años. Él sonrió y me miró, de una forma muy extraña.
-¿Acosador?- su tono demostraba que le divertía verme molesta, lo cual me hacia aborrecerlo con cada palabra que salía de su horrible boca.
-Si, por si no lo sabías lo que estás haciendo tiene un nombre y se llama acosar- mis palabras cargadas de rabia le hicieron soltar una sonora carcajada.
-No acosaría a niñas tan feas- respondió burlón, tratando de herirme.
-Yo soy hermosa- dije con arrogancia y burla, a lo que él respondió con otra carcajada.
-Esta bien, te dejare en paz- y levanto las manos en modo de rendición.
-Ok, mi nombre es Serena- confesé, molesta. Él frunció el ceño ante mis palabras.
-¿Serena?- pregunto extrañado. Yo lo mire cansada.
-Si- este chico era desesperante, yo si fuera la madre le daría chanclazos hasta cansarme.
-Ah- exclamó extrañado. Como si estuviera tratando de comprender algo.
Repito ¿qué le pasaba?
-Bueno, este es mi pie para retirarme- respondí, y con eso me di media vuelta y me encamine hacia mi casa.
En el camino miré varias veces hacia atrás, viendo sí Max me seguía, pero milagrosamente dejó de hacerlo. Cuando llegue a mi casa, entre y deje las cosas en la cocina, exhausta. Gracias a Dios que hoy es viernes, así mañana no tendría que establecer conversación con gente indeseable.
Agarre una lata coca-cola, mi comida y me encamine a mi cuarto, cansada y ansiosa por hacer mi terapia de comida chatarra para un día agitado.