6 Erik —Eres tan hermosa, Sophia —murmuré. Mucho más tarde, tendría que agradecerle a la sirvienta a cargo por la ausencia de ropa interior, ya que apenas le quitamos el vestido, quedó desnuda para nosotros. Gunnar gruñó al ver su piel cremosa en sus curvas lujuriosas. —Perfección —susurró Rolf al ahuecar las manos sobre sus pechos, como si estuviera comprobando su peso. Con los ojos cubiertos de Sophia, registramos cómo respondía su cuerpo, la forma en que se arqueaba con el tacto de Rolf, el jadeo que escapó de sus labios, el enrojecimiento de su pálida piel. Sophia era nuestra. ¿Cómo era que tuvimos dudas sobre esto? ¿Sobre ella? Nosotros la tocamos gentilmente, con reverencia, aprendiendo cada pulgada de ella. Mientras Rolf jugaba con sus senos y le endurecía los pezones, Gunna

