Ella era demasiado resuelta, demasiado testaruda como para renunciar al control. Ella era una guerrera, como lo éramos nosotros. Pero su reacción de hoy nos reveló la verdad a los tres: Era obstinada, feroz y desafiante, pero tenía sed de un compañero lo suficientemente fuerte como para dominarla, un compañero con el que pudiera sentirse lo suficientemente segura como para dejarse llevar. Yo sería ese compañero. Y Ander también. Si necesitaba sentir nuestro control y dominio en cuanto a follar, entonces se lo daríamos. No era virgen, pero por la expresión de sorpresa en su rostro cuando la llevamos al clímax, los hombres con los que había estado antes no le habían dado lo que necesitaba. Nunca antes se había sentido lo suficientemente segura como para dejarse llevar por completo. El hech

