Sabía que no estaba prestando atención, pero no podía parar de recordar la sensación de esa enorme polla llenándome y dejándome algo dolorida; de aquellas enormes manos que me hacían sentir hermosa y pequeña... que me hacían sentir... como ella. Era la otra parte de mí, la yo que no existía realmente, la parte que era pura fantasía. Justo como él. —¿Señorita Wilson? La guardiana inclinó su cabeza hacia abajo y me inspeccionó de cerca, lo cual era algo que definitivamente no necesitaba en estos momentos; no mientras mi trasero desnudo estaba resbalándose de la silla, mojado por mi deseo. —Estoy bien. Traté de subir mis manos, de ajustarme el camisón de hospital, que se había subido hasta la mitad de mi muslo, pero las esposas me lo impidieron. Maldición. —¿Está segura? El proceso de em

