7 Nial Mi compañera se estremeció bajo mis caricias, su cuerpo era largo, esbelto y tan hermoso que ansiaba rasgar las diminutas prendas que cubrían sus suaves senos y su dulce sexo, y saborearla. Las cicatrices en su cuerpo y en sus ojos impedían que actuase impulsivamente. Su propia gente la había usado como un soldado, habían llenado su cuerpo perfecto de cicatrices y le habían enseñado a desconfiar. El rechazo de mi padre la había herido, y mucho. Ahora dudaba de mí, dudaba de mi deseo por ella. Esta solo era una razón más por la cual odiaba al hombre. Nadie debería entrometerse entre un hombre, su segundo y su compañera. Le demostraría que sus dudas no eran ciertas, pero forzar mis atenciones no era la manera de ganarme su corazón. Estaba herida y tenía mido, incluso debajo de aqu

