Ahora que había saboreado el dulce olvido de darles el control, sabía que desearía tener ese tipo de éxtasis una y otra vez. Joder, quizás siempre lo había deseado. Pero hasta que aparecieron Nial y Ander, hasta ahora, jamás había existido un hombre que considerara merecedor de eso, un hombre lo suficientemente fuerte, más fuerte que yo, ante quien pudiese considerar someterme. Mis pensamientos me sorprendieron, pues nunca antes me había sometido ante un hombre de aquella manera. Quería ser libre para dejarme llevar. Quería saber que podía confiarles la tarea de cuidarme. Y, para mi sorpresa, quería complacerlos. Quería que enloquecieran por el deseo que sentían por mí, y por el placer que tendrían con mi cuerpo. Quería ser todo lo que necesitaban. Todo. El doctor extendió tres largos la

