CAPÍTULO 8 GIO Tal y como había supuesto, lo estaba esperando en su casa, o en su «guarida», tal y como la llamaba ella. Se preguntó si seguiría igual de desafiante o se mostraría más sumisa ahora que sabía que no tenía escapatoria. Le agarró la barbilla y se cernió sobre ella. Acababa de cargarse a un tipo que la había tocado y seguía rebosante de adrenalina. ―¿Recuerdas lo último que me dijiste, bella? Sus ojos destellaron una luz tremenda. ¡Ah!, sí, sí que se acordaba. ―Que te jodan. «Eso harás tú». ―Por si aún te lo preguntas, te he elegido a ti, Jocelyn Rossi, como mi futura mujer. ―No tenía sentido ocultarle en lo que se convertiría. Le gustaba ser claro. Se la vio sorprendida durante un segundo; después lo miró como si no fuese capaz de discernir si estaba bromeando. ―¿Me

