AGNA La luz de la mañana entra por la ventana de la habitación de Cristopher, poco a poco fui abriendo los ojos, cuando de repente, me encuentro con el rostro de Cristopher mirándome. Mi cuerpo se siente adolorido, es como si me hubiera pasado un camión por encima, al recordar todo lo que pasó anoche mi rostro se enciende y debo parecer un maldito tómate. Mi útero recuerda muy bien las sacudidas que le dieron, como sus manos estuvieron por todo mi cuerpo, como me embestía con hambre, con deseo. ¡Jesús! Puedo decir que este hombre es un animal en la cama, entiendo perfectamente bien por qué todas quieren volver a él. -¿Qué haces? – Digo con voz somnolienta. Lo veo sonreírme. Esa maldita sonrisa que pone todos mis nervios al cien. Voy a preguntar de nuevo, cuando siento que m

