Capítulo 10

1756 Palabras
Hola!!! Al fin subo capitulo. Trató de organizarme con mis tiempos lo mejor posible. Estoy en mes de evaluaciones y son tantos proyectos que entregar. Llevo una semana apenas durmiendo y estoy que exploto de tanto estrés. Puta que es pesado estudiar animación digital!!! Bueno, no doy más la lata y les dejo el nuevo capítulo. Capitulo 10. Finalmente llegaron las tan ansiadas vacaciones, ahora tendrían el tiempo suficiente para organizar los preparativos para la boda. Ambos se sentían felices, decididos del nuevo paso que darían, no creían que existiera nada que les pudiera hacer cambiar de opinión. Manuel descansaba cómodamente junto a Martín, recargó su cabeza sobre el pecho del rubio para mayor comodidad. Estaban en silencio, abrazados, solo resonaban los insistentes ronroneos de Cholito. Se pronto, el sonido del teléfono los sacó de su placentero trance. Martín, sin moverse de su lugar estiró su brazo cogiendo el teléfono que se hallaba sobre la mesita de noche. Fastidiado al ver el número de quién le llamaba contestó. —Hola vieja, ¿por qué llamás a esta hora? —Fingió preocupación. —Martín, tenemos un problema, necesito que mañana mismo viajes—. La mujer se oía alterada. —Pero decime que pasó, no me podés dejar así. Me flasheo si no decís nada, viste—. Instintivamente aferró el cuerpo de Manuel contra el propio. —Hijo, es un tema largo de explicar—. Dejó escapar un profundo suspiro—. Mañana venite en la mañana, si no fuera importante no te rompería los huevos. —Dale vieja, ahora mismo compró los pasajes por internet y mañana salgo lo más temprano que pueda—. No le apetecía ir, tener que despegarse de quién amaba, pero tenía que cumplir con ciertas obligaciones con su familia—. Descansa, buenas noches. Sin esperar respuestas cortó la llamada, se acurrucó junto a Manuel abrazándole con fuerza. Tanto misterio no le daba buena espina, algo había tras tanto hermetismo. Cuál sea el plan de sus padres lo descubriría dentro de un par de horas, ahora quería descansar, dejarse llevar por el calor que emanaba del cuerpo de su amado. Manuel, no cuestionó nada. En silencio procuró brindarle el apoyo que su pareja necesitaba. Sabía que debía viajar, escuchó claramente cuando la mujer se lo pidió. No deseaba que se fuera, no deseaba estar sin él, sin embargo, no sería un impedimento para que Martín se relacionara con su familia. Cómo hijo tenía obligaciones con las cuales cumplir, jamás le haría escoger entre una cosa u otra, él no era así. —Mañana debo viajar, no se a que hora aún. Cuando nos levantemos compraré un vuelo, de ida y vuelta, voy a estar de regreso el lunes—. Murmuró él argentino adormilado contra la cabeza del chileno. —Son poquitos días, Martín—. Con la yema de sus dedos le acarició suavemente el brazo—. Te voy a extrañar weón, pero nos hablamos por w******p, son solo cuatro días—. Trató de convencerse a sí mismo. Martín no respondió, su respiración suave y pausada le indicaron que dormía. Cerró sus ojos intentando conciliar el sueño, pese a estar cansado le costaba bastante. Algo en su interior se removía intranquilo, una extraña angustia entre mezclada con desesperación, temía perder, volver a ser abandonado. Rápido despejó esos erráticos pensamientos, Martín no era Miguel, y el contexto no era el mismo. •••••••••••••••••••• Un abrazo apretado, el sentimiento tan intenso que ambos compartían y el aroma de su perfume es todo lo que conservó a Manuel, cuando el avión despegó. Con pasos lentos salió del aeropuerto encaminandose al departamento que ambos compartían, ya que no tenía absolutamente nada que hacer aprovecharía de escribir un poco y luego ver películas en la cama junto a Cholito. Había perdido la costumbre a estar solo, con Martín compartían cada segundo del día. Ahora el departamento le parecía mucho más espacioso de lo que ya era y el día mucho más largo y aburrido. De todo lo que tenía planeado no hizo nada, solo se dedicó a esperar un mensaje o llamada por parte del rubio. Le preocupaba la situación por la cual la familia Hernández pudiera estar atravesando, le preocupaba Martín, el no poder estar a su lado para brindarle el apoyo necesario. Al rededor de las dos de la tarde, Martín llegó a su casa. Su madre impaciente lo esperaba, al verla no pudo evitar sonreír y abrazarla con fuerza, acción que la mujer encantada correspondió. La empleada, después de darle una afectuosa bienvenida al rubio, tomó el equipaje llevándolo a la habitación correspondiente. Madre e hijo se adentraron en la sala, acomodándose en uno de los espacios sillones de cuero blanco, muy juntos el uno del otro. — ¿Y papá? Déjame adivinar, de seguro está metido en la oficina. Se tiene que tomar un descanso—. Cariñosamente tomó las finas manos de la mujer acunandolas entre las propias. —Hijo, de eso justamente quería hablar con vos—. Fijó su decaída mirada en el vigoroso rostro de su único hijo—. Tú papá está en el hospital, lo ingresaron ayer por la mañana. En ese mismo instante el semblante de Martín decayó, su padre era un hombre altanero, autosuficiente e independiente. Tenía una salud envidiable, por lo que, ni esperaba una noticia de ese tipo. Al ver los ojos llorosos de su madre no dudó en rodearla con sus brazos, brindándole un reconfortante abrazo. —Me hacías tanta falta, Tincho—. La mujer se permitió un instante de debilidad y lloró. — ¿Qué le pasó, contame todo—. Un nudo se formó en su garganta a causa de la angustia. —Hace unos tres meses atrás comenzó a sentirse mal, tenía mucho dolor de estómago y paulatinamente dejó de comer—. Alzó la mirada encontrandose con los ojos tristes de su hijo—. Entre tanto médico que visitamos terminaron descubriendo que es lo que tiene. Carlos, tiene cáncer al estómago, ayer lo ingresaron para hacerle la biopsia y saber las posibilidades de vida que le quedan. Aunque con los estudios que se cuenta hasta ahora, el doctor dijo que no nos hagamos ilusiones. Martín guardó silencio, de pronto todo su mundo se desmoronó. Ni logró contener más sus lágrimas y lloró, al comienzo lo hizo en silencio, pero a medida que procesaba todo y la angustia crecia, su llanto también. Terminó llorando a gritos aferrado al regazo de su madre, quién en medio de tanta angustia se hizo fuerte y consoló a su niño. Por qué Martin, para ella siempre sería un niño. Ese día no le dió la cabeza para llamar a Manuel, ni siquiera se preocupó por desempacar o por cargar su teléfono celular. Apenas terminaron de conversar se encaminaron al hospital, quería estar con su padre, aprovechar cada segundo que la vida le regalaba. En una semana el doctor les informaría de la real condición del hombre al recibir los resultados de la biopsia. Ese día, Manuel sumamente preocupado llenó de mensajes a Martín. No tenía noticias de él y se pasaba miles de películas en su cabeza. Esa noche casi no durmió, extrañó su compañía y el no tener noticias no alivianaba en nada la situación. A la mañana siguiente el sonido del teléfono lo despertó abruptamente. Manuel, saltó de la cama en busca de su teléfono celular. Al encontrarlo y observar la pantalla suspiró aliviado, era Martín. — ¡Mi amor, me tenías tan preocupado! —Exclamó agitado al contestar la llamada. —Perdoname mi vida, realmente olvidé ayer cargar el teléfono—. El desgano en la voz del argentino le indicó que algo no andaba bien. — ¿Martín, pasa algo? —Se sentó en la cama. —No podré volver el lunes, tendré que quedarme acá por las vacaciones, o quizás un poquito más. Realmente no sé, Manu—. Dejó escapar un profundo suspiro—. Mi viejo se está muriendo—. Ahogó un sollozo en su garganta. —Martín...—Masculló bajito sin saber que decir, en momentos como ese no sabía cómo reaccionar. Solo deseaba estar a su lado brindándole apoyo—. Mañana mismo viajo, déjame estar contigo en esto. —No Manu, no vengas. Mi vieja la está pasando mal, no quiero que se altere aún más con tu presencia. Vos sabés que ella no te acepta aún, démosle tiempo para que supere esto y después vemos—. Sonó bastante brusco, arrepintiendose posteriormente de sus palabras. —Tienes razón, Martín—. Un nudo se formó en su garganta, sin embargo, fue paciente. La familia Hernández atravesaba por un pésimo momento, aunque sea a la distancia debía ser un apoyo para Martín—. Mantenme informado, te amo. —Yo también te amo mi vida, te amo demasiado—. Un incómodo silencio se instaló entre ambos, solo se oían sus respiraciones—. Después hablamos, ahora voy a la clínica a ver a mi viejo. Cuida a Cholito y decile que papá lo re extraña. —Yo le digo, aunque él igual te echa de menos. Yo no lo conciento tanto como tú—. Deja escapar una suave risa—. Cuídate. Se quedó unos segundos con el celular pegado a la oreja, aún después de que Martín cortó la llamada. Se sentía tan inútil, pero desde donde estaba no podía hacer nada más que ser paciente, esperar y apoyar al argentino en lo que más podía. Dejó el celular sobre el sillón para luego sentarse a un costado de este. De pronto, sintió que tenía más tiempo para si mismo, las horas se percibían mucho más largas y el silencio del departamento comenzaba a asfixiarle. Tenía claro que debía acostumbrarse, Martín no volvería, pasaría un tiempo antes de volver a disfrutar de su compañía y debía aceptarlo. No estaba en los planes de ninguno, sin embargo, el destino acababa de jugar chueco y ellos debían afrontar los obstáculos y resolverlos de la mejor manera. Amaba a Martín, estaba seguro de que Martín lo amaba a él por lo que un tiempo separados no influenciaría en nada. En absolutamente nada, se repitió aquella frase una y otra vez intentando alejar la angustia que aprisionaba su corazón. Continuará. Si hay errores háganmelo saber, no tuve tiempo de corregir el capítulo. Apenas pueda lo hago.
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