La decisión que lo cambia todo La mañana amaneció distinta en Buenos Aires. Había una calma suave, casi como si la ciudad quisiera darles un respiro. En el departamento, el olor a café recién hecho se mezclaba con las risas de los chicos que corrían por el pasillo, inventando juegos que solo ellos entendían. Marco observaba la escena desde la mesa del comedor, con una expresión que Gala conocía bien: esa mezcla de nostalgia, ilusión y un brillo silencioso de ideas nuevas. —¿En qué estás pensando? —preguntó ella, acercándose y apoyando una mano en su hombro. Marco respiró hondo, como si llevara días reteniéndolo. —En que… tal vez es hora de decidir hacia dónde vamos —respondió finalmente—. No solo como familia, sino como equipo. Todo lo que hicimos hasta ahora nos trajo hasta acá. Pero

