“Cuando el Futuro Empieza a Hablar” La tarde caía lenta sobre Buenos Aires, pintando el cielo de tonos naranjas y rosados. Desde el balcón del departamento, Nicolás apoyó las manos en la baranda y dejó que el viento tibio le despeinara el cabello. Era un momento extraño: ese vacío dulce que queda después de un día intenso, después de decisiones importantes, después de sentir demasiado. Gala salió detrás de él en silencio. Llevaba puesto un buzo grande que seguramente le había robado a él —como siempre— y el pelo recogido en un rodete imperfecto que le daba un aire aún más hermoso. Se apoyó a su lado sin decir nada. A veces, ese era su lenguaje más profundo. Después de unos segundos, ella habló: —¿Estás pensando en lo de Martín? —Sí. —No lo negó—. Y también en lo que se viene. En lo

