La Noche Que Lo Cambió Todo La casa estaba en silencio, pero en el aire vibraba algo que ninguno de los dos podía ignorar. Nicolás caminaba por el pasillo con los hombros tensos, como si cada paso lo acercara a un borde invisible. Gala, desde la cocina, lo miraba en silencio mientras terminaba de servir dos tazas de té que sabía que él no tomaría. Estaba inquieto, distraído, demasiado en su cabeza. —Nico… —dijo suave, apoyando las tazas—. Vení, sentate un ratito. Él la miró, y por un segundo, la fachada del hombre fuerte, de negocios, de control absoluto… se rompió. —No puedo, Gala —susurró—. Siento que todo se me está viniendo encima otra vez. Ella no dudó. Caminó hasta él y lo tomó de la camisa, suave pero firme, como queriendo anclarlo a la tierra. —No estás solo. No vas a volver

