📖 Capítulo 58 – Amanecer en Ruinas El amanecer llegó sin avisar. No hubo canto de pájaros ni ruido de ciudad despertando, solo el zumbido eléctrico de las luces del piso 32 apagándose una a una, como si el edificio quisiera desentenderse de lo que estaba por venir. No había dormido. No podía. Pasé la noche revisando los registros, repasando cada nombre, cada movimiento. Y aunque el sol intentaba filtrar su luz entre los ventanales, todo seguía igual de oscuro. El silencio del amanecer tiene un peso que pocos soportan. No es paz, es advertencia. Y en ese silencio, supe que la hora había llegado. Marco vendría. Era inevitable. Tomé un café n***o, amargo, sin azúcar. El sabor era áspero, como la verdad que había estado evitando. Me miré en el reflejo del vidrio. Parecía un extraño. Las

