Elena ElenaTres orgasmos. Tres. Era la primera vez que sucedía. La mayoría de los hombres con quienes había salido apenas se preocupaban lo suficiente por que alcanzara uno solo, y otros ni siquiera se esforzaban para ese mínimo. Pero Tane no era así. Me sentía… increíble. Tres. Nunca antes había tenido sexo completamente vestida; esa era otra primera vez. Tane seguía en mi interior mientras las réplicas en mi centro me hacían palpitar. Presionó los labios contra mi cuello, prodigando mi piel sensible de besos prolongados que me derretían el alma, me hacían sentir valiosa y adorada. Tener ropa puesta hacía que el asunto fuese, de alguna manera, más exquisito y perverso. Me sentía como una diosa, una diosa traviesa y muy satisfecha. No me importaría quedarme aquí para disfrutar de sus at

