Benedict Llevo la botella de cerveza a mis labios y doy un trago largo y constante. Sostengo el cuello entre dos dedos, girándolo un poco mientras intento descifrar mi jodida vida. Mi hombro palpita. No lo había sentido doler así en mucho tiempo. Es desconcertante, pero me digo a mí mismo que es por la terapia. Que Houston me exigió demasiado. Que desaparecerá por la mañana. Eso trae alivio. Habría más alivio si supiera que mi maldito corazón no va a sentirse así cuando despierte. El pastel sigue sobre la mesa. Su taza rosa, la que compré solo para ella, está junto al fregadero. Ambos objetos dibujan una pequeña sonrisa en mis labios, aunque por dentro me sienta vacío. Apago la cafetera, agarro mi teléfono del lugar donde está, junto al pastel, y lo sostengo entre mis manos. Termino la

