BENEDICT Mi peso retumbando por el pasillo hace que los cuadros colgados golpeen la pared. —¡Ya voy! —grito cuando suena el timbre nuevamente. Como un niño en Navidad, abro la puerta de par en par. —¡Tío Benedic! —Frederick se lanza hacia mí, envolviendo sus brazos alrededor de mi cintura. Riendo, froto mis nudillos sobre la gorra de los Arrows que le regalé. Luego miro hacia arriba y guiño un ojo a Amaia. —¿Por qué trajiste a este chico? —Porque ese chico es su prometido —dice Tristan, con una sonrisa que se nota en su voz. —¿Oficialmente? —No —suspira Amaia, rodando los ojos—. Más le vale pedírmelo pronto o quizás simplemente lo deje. —Pruébame —gruñe Tristan, haciéndola reír. Me despego de Fred y abrazo rápidamente a mi hermano. —¿Cómo estás? —Listo para pasar unos minutos s

