Benedict Mi padre saluda a mi hermano mayor rápidamente antes de regresar a la casa. Yo me quedo de pie, aún un poco perplejo, y camino hacia el auto. Arthur está de pie junto al cofre, esperándome. —Hey —digo al llegar a él. —Qué bueno verte —Arthur me da un abrazo rápido con un solo brazo—. ¿Cómo estuvo tu vuelo? —Se tira del corbata verde, aflojándola alrededor del cuello. —¿Cómo puedes usar esa mierda todos los días? —pregunto mientras lo veo desabotonarse el primer botón—. ¿No te sientes como un mono con traje? Él pone los ojos en blanco. —¿Y tú no te sientes como un niñote gigante jugando a la pelota todos los días? —me provoca. —Un niñote gigante al que muchas chicas quieren cogerse. —Te diré un secreto —dice mientras va hacia la puerta del conductor—. A las chicas les gustan

