Benedict El viento es fresco y constante cuando bajamos del porche y nos alejamos de la casa. Dejo que mi padre me guíe. Caminamos por el camino de entrada un rato antes de que se desvíe del asfalto y nos lleve hacia un pequeño banco cerca de la línea de árboles. Mi estómago se anuda y retuerce mientras intento leer su lenguaje corporal. No ha dicho nada, no ha insinuado nada, y eso hace que quiera preguntarle de frente qué es lo que tiene que decir. Porque hay algo. Siempre lo hay. Mirando hacia la casa mientras tomo asiento junto a mi padre, me pregunto qué estará haciendo Dani. Si está bien. Si está nerviosa o ansiosa. Esto es algo nuevo para ella, y no tengo ni idea de cómo se siente, y eso añade aún más caos dentro de mí. Quiero estar con ella. Mi mano en su cintura. Mis oídos cap

