El rostro completo de Thamara hormigueaba, y el fondo de su nariz se sentía tan seco que ardía un poco cada que pasaba el aire por ahí; además, en su garganta seca sentía como si le estuvieran arañando y su pecho cansado dolía, igual que su espalda. La morena tenía casi dos horas llorando. Había amanecido desesperada luego de una noche entera sin dormir. De alguna manera no podía quitarse la angustia que sentía por no saber nada de sus hijos; además, luego de tantos días ahí encerrada, había perdido todas las esperanzas de ser rescatada. Y es que, aunque había pensado que Bastián no se interesaría en ella, la verdad había guardado la esperanza de que lo hiciera y fuera por ella; sin embargo, el tiempo seguía pasando y ella seguía encerrada en quien sabe dónde. Estaba desesperada, y d

