—Mierda, Laurie—maldijo Zack al entrar en aquel restaurante. Era el más elegante del pueblo, uno de los más antiguos, el mejor de todos. Zack diviso a la gente, observo su ropa elegante, las joyas de las mujeres y los costosos trajes de los hombres. Laurie lo miró confundido. —¿Por qué no me dijiste que vendríamos aquí? Parezco un ladrón, van a creer que vine a robar—mascullaba Zack acercándose a Laurie. El castaño lo miró—No tiene nada de modo como estas vestido Zack, además reservé en el otro lado, en una de las mesas de afuera, no tienes porque preocuparte. Y ambos vinimos informales. Zack sonrió, disculpándose—Perdón. Laurie sonrió de lado—No importa—dijo, para luego dejar un casto y rápido beso en los labios de Zack, sosprendiéndolo. El moreno lo miró, sonrojándose. El gerente

