Me sentía extrañanamente nerviosa. Como si en el fondo, sintiera que algo malo estaba pasando. O al menos, que pasaría. Muchas cosas pasaban por mi cabeza al mismo tiempo, y ya comenzaba a sentir que tenía dolor de cabeza. La ausencia de Ian, a pesar de simplemente haber sido día y medio, me hacía sentir peor. Sentía que estaba yo y mis pensamientos, que no paraban de agrandar sus suposiciones cada vez más. Aún seguía paralizada ante el hecho de que Alexis, mi hermano menor, siguiera con vida. Era una pastilla tan difícil de digerir como de creer que era cierto. A pesar de que me había dado casi todas las pruebas suficientes, le había otorgado una última petición para terminar de asumir todo lo que ocurría: pretendía que se hiciera un exámen de ADN, el cuál se encontraba sin problemas d

