Chapter 24

338 Palabras

Las primeras nieves blanqueaban las laderas de los cerros circundantes. Ráfagas heladas producían escalofríos entre los concurrentes, cubiertos de ponchos de un mismo color. El oficiante, especie de maestro de ceremonias conocedor de los antiguos rituales y de la lengua quechua original, alzó el brazo armado con un cuchillo de piedra, y lo abatió sobre el flanco indefenso de la llama, cubriendo de sangre el blanco vellón del animal, a sí mismo y el parche de tierra vecino. Realizado el acto propiciatorio, el curaca sentado en el centro de la fila se incorporó y comenzó lentamente a hablar. Llevaba en su mano derecha el cayado con los signos distintivos de su cargo. No todos entendían el antiguo dialecto, pero extendieron un silencio respetuoso y atento. Hijos del Sol. Ha quedado frustr

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