"No soy tonto, dice 'ecografía de embarazo'. Ya lo leí. ¿Por qué no me lo has dicho?", comentó molesto. Avanzó hacia mí. "No es tuyo", mentí descaradamente. Comenzó a reírse, pero con una sonrisa triste. "No me veas la cara, idiota. ¿Por qué no me dijiste que voy a ser papá?", comentó molesto, acercándose a mí. "No sabes si es tuyo", respondí. "Entonces, pediré un análisis de ADN", propuso. Arrebaté la ecografía de sus manos. "Dame eso", comentó, él la arrebató de nuevo. "No, no te lo daré hasta que me digas la verdad", insistió. "Por favor, Erin, ¿cómo puedes hacerme esto?", pregunté mientras él levantaba el sobre entre sus manos. Era alto, mientras que yo apenas medía 160 centímetros. "Por favor, Erin, no me lo hagas más difícil", dijo con los ojos llorosos. "No. Dime la verda

