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324 Palabras

Franco entonces me propuso: —Ayúdame en esto. Si demuestras ser buena en el arte del consejo, podrías ser mi compañera en esto. Yo lo miré con desdén y le pregunté: —¿Y por qué querría ser tu compañera? Franco se rió y dijo con cierta arrogancia: —Todas quieren ser mi compañera. —Eres un creído —comenté, alejándome de él y desapareciendo en el salón. Estaba enojada mientras mordía la punta de mi lápiz, trabajando en un proyecto hasta que finalmente llegó el profesor. Mi amiga y yo compartíamos la misma clase, y me preguntaba cómo le había ido la noche anterior, seguro le fue muy bien, considerando que era una persona inteligente y perspicaz. Cuando se acercó a mí, le conté todo lo que me había pasado con Franco. —¿El chico que te gusta? —preguntó, mirándome a los ojos, incapaz de ocul

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