—¿Por qué hiciste que mi paciente se separara? ¿Puedes explicármelo? —me preguntó, deteniéndome con la mano. —No sé de qué hablas —respondí, alejándome apresuradamente. —Sé que entraste con ella al baño. Un amigo me lo contó —dijo él. —Le dije que no merecía estar con alguien posesivo que la lastimaba y que tal vez lo mejor era que se separaran —expliqué. —Pero yo arreglo relaciones, no las separo —aclaró. —A mí me pareció lo mejor —dije. —¿Estás nerviosa de que te haya robado un cliente? —pregunté en tono divertido, guiñándole un ojo antes de dar la vuelta. Finalmente, Franco aceptó que trabajara con él, pero me pidió que consultara con él cualquier cosa que hiciera. Me entregó un billete como mi primer pago, y agradecí su generosidad, aunque me pareció un tanto extraño. Decidí se

