No sé qué hora era, pero el teléfono sonó y lo atendí de mala gana. "¿Sí..?", pregunté sin abrir los ojos. "Pilar, soy Sheila, ¿estás bien?", preguntó. "Perfecto, nunca estuve mejor", dije de manera irónica. "Quería avisarte que te estoy esperando. Acuérdate de que a las 11 entramos hoy", dijo Sheila. "Cierto, ya voy", comenté y me senté. Me cubrí el rostro con las manos y miré que eran las 10:30. Por suerte para mí, había faltado un profesor por la mañana. "Yo puedo", comenté con decisión, moviendo los brazos, pero enseguida el mareo me dominó. "Maldita sea", comenté molesta y me cubrí el rostro con las manos. Procuraba sentirme mejor para mí misma y me puse de pie. No dejaría que el imbécil de mi ex novio me ganara. No permitiría que arruinara mi vida, ni emocionalmente. Decidí ca

