Veinte horas antes Henry Luego de mi discurso en la asamblea, tras implorar el apoyo de los nobles, fui arrestado. Mi propio padre, el emperador, ordenó que me encerraran acusado de traición. Algunos nobles protestaron, pero la mayoría guardó silencio, temerosos de alzar la voz contra él. Fui ingenuo al pensar que encontraría buena voluntad en la corte. Debí preverlo: la lealtad a la corona siempre se ha sostenido sobre el miedo, nunca sobre la razón. En mi celda húmeda, de piedra tosca y con el hedor del encierro impregnando cada rincón, no podía dejar de darle vueltas a mis errores. Escuchaba el eco de los pasos de los guardias en la entrada cuando, de pronto, un golpe seco retumbó en los pasillos. El silencio posterior fue inquietante. Un instante después, la silueta de Elira Lauren

