Los días siguientes, la normalidad regresó a ambos imperios. En Arista, Henry había logrado derrocar a su padre y pronto asumió el trono. Los nobles respaldaron su legítimo reclamo al ver cómo el príncipe había detenido la inminente guerra que amenazaba sus calles. Mientras organizaba los preparativos para viajar a Amatista y firmar el tratado de paz, no podía evitar preguntarse por Elira. Cada minuto que demoraba en poner en orden sus asuntos era un minuto que el joven duque Lionel podía aprovechar a su lado. No sabía si, cuando la volviera a ver, ella aceptaría regresar con él a Arista, pero no estaba dispuesto a desistir sin pelear por su amor. En Amatista, Elira Lauren se encontraba en la vasta explanada de la mansión Ferreira, entrenando sin descanso. Tras la orden del emperador, deb

