capítulo 28

1238 Palabras

Ya pasaba de la media tarde cuando la caravana de mercaderes cruzó las murallas de la capital de Arista. El bullicio de la ciudad los envolvió de inmediato: calles empedradas, pregoneros ofreciendo especias y telas, caballos que relinchaban, nobles que paseaban en carruajes lujosos y mendigos que extendían sus manos a las puertas de las tabernas. Los hombres, exhaustos tras la travesía, se dirigieron sin demora hacia la casa del doctor del pueblo, pensando que aquella dama a la que habían rescatado necesitaba atención inmediata. Pero al abrir las puertas del carruaje, los mercaderes se encontraron con un hecho desconcertante: la joven había desaparecido. Las telas seguían en su sitio, el espacio aún conservaba el leve perfume de flores que desprendía su vestido, pero no había rastro de el

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