La noche había caído sobre la base militar, y Elira Lauren permanecía en la misma posición desde horas atrás, aguardando el momento en que todo se descontrolara. Estaba segura de que los prisioneros del imperio de Arista decían la verdad: esa noche atacarían. Y cuando lo hicieran, ella aprovecharía el caos para escapar. No pensaba pasar su vida entre rejas, demostrando a esos hombres cuántos pares son tres botas. Un toque de trompeta resonó en la oscuridad, agudo, quebrando la calma de la fortaleza. Elira sonrió con ironía, estiró su cuerpo entumecido y comenzó a prepararse. Era una escapista de primera; en su vida anterior había huido de cárceles y encierros que parecían imposibles. Aunque nunca salía completamente ilesa, podía jactarse de que siete de cada diez intentos habían terminado

