El mismo día New York Victoria Todos hacemos sacrificios tarde o temprano. O, mejor dicho, aprendemos a la fuerza que pensar con el corazón casi siempre es un lujo que termina costando demasiado. Yo lo aprendí joven, con golpes que dejaron marca, con lágrimas que parecían sangre. Y aun así… no era de piedra. Me afectaba que Alexander estuviera preso, por supuesto que sí. Pero mi prioridad era descubrir el rostro de nuestro enemigo y detener una tragedia mayor. Elizabeth, en cambio, era incapaz de ver el panorama completo. Estaba cegada por la angustia, por ese sentimentalismo que tanto daño le haría en esta familia. Y ahí la tenía delante, en un rincón de la sala, con esa mirada de reproche y dolor que parecía un ataque directo. El silencio se volvió insoportable, así que fui yo qui

