Unos meses después New York Claire Mi boda con Alexander marcó el inicio de muchas etapas a la vez. No solo una luna de miel maravillosa en Italia, sino cambios profundos en mi cuerpo, en nosotros como pareja, en la forma en que empezábamos a prepararnos para la dulce espera. Y aun con la ilusión vibrándome en la piel, había miedo. Miedo de lo desconocido, de lo que estaba por venir. Aun así, me aferraba a esa felicidad plena de saberme su esposa y me obligaba a vivirla, a no huir. Y ahí estaba sumergida en la tina del hotel, el agua tibia rodeándome, cuando Alexander se acomodó detrás de mí. Me envolvió con sus brazos, apoyó el mentón en mi hombro y dejó besos lentos en mi cuello. Yo llevé las manos a mi vientre, todavía intentando procesar que allí, dentro de mí, estaba ocurriendo a

