El mismo día New York Victoria Cuando creí tener el control —de mi familia, de las empresas, incluso de mis emociones—, todo se me escapó de las manos como granos de arena. Bastó la sola presencia de Gabriel Moreau en el funeral de Edward. Un escenario perfecto para su entrada triunfal. Para marcar territorio. A veces ceder no significaba perder, me repetí mientras contenía la furia de Nicholas. Lo hice obligada, por estrategia… y para evitar que nuestra familia terminara siendo la comidilla del cementerio si todavía se podía. Aun así, la mente tiene una forma cruel de volver sobre las heridas. Recordé mis charlas con Edward. Aquellas en las que su cinismo y su sinceridad se mezclaban en dosis iguales para herirme. —Victoria, antes de que te marches con tu amante, dile al idiota de H

