Unos días después New York Claire Dolor, miedo, incertidumbre y rabia. Todos esos sentimientos se mezclaban dentro de mí mientras contemplaba a Alexander herido sobre una camilla. Era una pesadilla que jamás imaginé la noche de nuestro compromiso. Debía ser una velada especial, llena de risas y promesas, y en su lugar sentía el corazón romperse en mil pedazos con cada segundo que pasaba. Y lo peor… apenas comenzaba mi agonía. En el hospital nada cambió. Me costaba respirar, las piernas me temblaban sin control y un nudo me cerraba la garganta. Las lágrimas rodaban sin permiso, nublándome la vista. Apenas percibía lo que sucedía a mi alrededor. No fue mi madre quien me sostuvo. Tampoco Sofía. Contra todo pronóstico, las palabras de aliento llegaron de Elizabeth. Ella, que había sido tr

