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1811 Palabras

Asia me recibió con los brazos abiertos y una sonrisa, me hizo bien darle una abrazo, me sentí en casa por extraño que suene y entre risas y comentarios banales ambas subimos a el automóvil que manejaba un empleado de la familia que amablemente había guardado mi pequeña maleta en la cajuela. -Estás preciosa, Clara- me sonrojé- No puedo creerlo, te ves tan madura… Eres toda una mujer- dijo con una sonrisa y tragué grueso antes de imitarla. -Gracias, así es, supongo- la detallé. Sus ojos se veían un poco más apagados que antes pero, por lo demás, ella lucía bien. Tranquila, serena… La misma Asia que conocí en aquel orfanato y la que me enseñó tanto en aquellos años a su lado. >Cuando una mano pesada se posó en mi hombro, me detuve de inmediato y volteé a ver. Era un saco n***o el que m

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