Despedimos a Dexter dos días después, en un día nublado y frío. Estábamos en una nube de dolor, aun un poco incrédulos por su muerte. Las pocas horas que pude dormir, soñé con él, me sonreía, pidiéndome que cuidara a Jay, su héroe. Cuando me desperté, me costó unos segundos adaptarme a la realidad, darme cuenta de que la pesadilla estaba pasando en la vida real, de que ya no estaba con nosotros y nunca más volvería. No nos sonreiría de nuevo, ni bromearía con nosotros, íbamos a extrañar su entusiasmo por las cosas simples de la vida, su optimismo a pesar de todo lo que había vivido. Jay estaba durmiendo inclusive menos que yo, para agregarle a su sufrimiento, estaba también el hecho de que se sentía culpable por la muerte de su hermano, que se vio enredado en una rivalidad casi s

