Domingo 12:30 a.m. Mi cabeza estallaría en cualquier momento, la noche de ayer se me pasaron quizá… un poco más de lo habitual las copas. Me enrolle en las cobijas y aplaste la cabeza con más fuerza sobre la almohada, «como si la propia acción acabara con el martilleo incesante en mi cabeza» —¡moriré!— me dije en un gemido ahogado contra la almohada. Apuñe los ojos llevando las manos a la cabeza para masajear las cienes, dando ligeros apretones. «Toc-Toc, Toc-Toc», golpearon con insistencia la puerta, luego escuché su voz. —¡MIRLETH, MIRLETH!— grito Juliette sin dejar de llamar a la puerta. El simple hecho de oír su voz me puso feliz y por un momento olvide la espantosa resaca que cargaba. Votando las cobijas con los pies baje de la cama para abrirle la puerta a la pequeña. —¡O

