La cúpula formada bajo las cobijas me mantenía calientita, a pesar de que el cuerpo que me transmitía su calor ya no estaba a mi lado, su lugar ahora se mantenía frio, y eso era muy poco usual, ya que suelo levantarme antes que él. A lo lejos escucho murmullos y risas, pero me reusó a despertar, no quiero dejar mi cama donde su aroma permanece, pero también tengo hambre y quiero ver a mi personita especial, ya que hoy esta de cumpleaños. —Crees que deberíamos despertarla— escucho que dicen. —Deberíamos— responde la otra persona con su dulce voz que me enamora cada día. La puerta es abierta lentamente, los pasos se aproximan hacia la cama y de un momento a otro siento un pequeño peso que se lanza a mi cuerpo envuelto en las cobijas —¡es mi cumpleaños!— grita, tratando de sacarme de
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