Maeva, mira a todos lados pero no ve a nadie, se viste con rapidez, pero cuando está a punto de calzarse, pisa una piedra resbaladiza y pierde el equilibrio. —¡Ahh! —suelta un grito al caer. El dolor en su tobillo la hizo gemir. Se retira de la orilla gateando como puede con los zapatos en las manos y llega al camino, se pone de pie sosteniéndose de un árbol, intenta dar un paso cojeando pero no puede avanzar mucho y se cae, Maeva escucha el sonido de un galope acercándose. Levanta la vista y ve a Édouard montado en su caballo, al verla él se desmonta de su caballo y corrie hacia ella. —¡Maeva! ¿Estás bien? —pregunta, preocupado. Él ve que tiene el pelo mojado, su rostro risueño y hermoso lo hace ponerse nervioso. Ella frunce el ceño. No quería que la vieran en esa situación, pero su

